martes, 20 de julio de 2010

Días al Sol

DÍAS AL SOL
En los días tranquilos como hoy
yo disfruto la calma, y a menudo sospecho
que es hermosa esta calma porque aún
es probable que vuelva el sobresalto
a otorgarle a este tiempo su condición de tregua.
Cualquier calma es benigna si se vive
como un dulce descanso en la batalla
mientras la guerra sigue, y uno puede
dedicar esa pausa a curar sus heridas,
a pulir su estrategia, y a soñar la victoria.

En los días de tregua como hoy
yo comprendo el prestigio de la calma
mientras miro las nubes, fumo lentos habanos,
y dejo que la música me eleve
a regiones afables de mí mismo
Pero a veces me asusta el fantasma de un tiempo
que tendrá que venir, y que imagino
solamente poblado de emociones tranquilas,
porque temo que entonces el tabaco
no me dé este placer,
y me aburran las nubes y la música.
Y ese miedo me impida algunos días
disfrutar de las treguas, y me incita a romperlas,
a vivir más deprisa, para intentar al menos
hallar algún sosiego en el cansancio
cuando el descanso sea una condena.

Paz y calma son cosas diferentes,
y aunque tenga prestigio
esa calma que un día ha de venir
como sustrato fértil donde sembrar la paz,
yo temo que la paz sea una flor
difícil de obtener en esa tierra.



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